La malta no es un cereal en sí, sino el resultado de transformar los granos para hacerlos aptos para la elaboración de cerveza.
El cereal más utilizado es la cebada, aunque también pueden emplearse otros como trigo, avena o centeno. Para obtener la malta, los granos pasan por un proceso de malteado que incluye germinación, secado y tostado.
La malta aporta los azúcares necesarios para la fermentación y tiene un papel clave en las características organolépticas de la cerveza, influyendo directamente en su color, sabor y aroma.
Según el grado de tostado, encontramos distintos tipos de malta —base, caramelo, tostadas o especiales— que determinan el perfil de cada estilo. El color de la cerveza, influido por la malta, se mide mediante la escala EBC.